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Diogo Divagações

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Cinzas, Pó e Mar _ a residência

Creación comunitaria
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Durante dos meses, Madeira se convirtió en un lugar para escuchar, escribir y reunirse.

Cenizas, polvo y mar — la residencia Se desarrolló a través de paseos, grabaciones sonoras, talleres de escritura, lecturas, charlas y momentos de creación compartida con diferentes comunidades de la isla. Más que preparar una actuación, este proceso buscó establecer relaciones, permitiendo que el territorio y las personas que lo habitan participaran activamente en la creación de la obra.

Han sido dos largos meses.

Llenos de fascinación y frustración, de amor, dudas, voluntad y fe. Dos meses de paisajes que parecían sacados de una película y de un proyecto que, poco a poco, se fue construyendo a medida que nos íbamos conociendo.

Llegué a la isla con una idea. Me fui con gente.

A lo largo de la residencia, la obra fue transformándose continuamente a través de las conversaciones, los paseos, los talleres, las lecturas y los encuentros inesperados. La creación dejó de seguir un plan previamente definido para empezar a responder al territorio, a sus voces y al tiempo necesario para escucharlas.

Me di cuenta, una vez más, de que trabajar con la comunidad no es un complemento de la creación artística. Es su núcleo. Una necesidad de encuentro, de escucha, de debate y de construcción colectiva. Un lugar donde la obra deja de pertenecer únicamente a quien la crea para pasar a ser vivida por quienes la experimentan.

Me voy de Madeira con el mar más cerca: en mi interior.

Los talleres se desarrollaron en diferentes contextos educativos y comunitarios, combinando la escritura sensorial, la oralidad y la poesía slam. Partiendo de la escucha, la memoria y la observación del territorio, se invitó a cada participante a transformar la experiencia en lenguaje, contribuyendo así a un proceso creativo en el que la palabra dejó de ser solo escritura para ocupar el cuerpo, la voz y el espacio. Entre cada encuentro había un lugar al que volver. El Estudio de Creación Artísticaesa casa se convirtió en la sede principal: un espacio de ensayo, de encuentro, de duda y de creación, donde las voces recogidas a lo largo de la residencia encontraban tiempo para respirar antes de volver al mundo en forma de actuación.

La residencia se ha desarrollado a partir de una escucha continua del territorio.

Las grabaciones sonoras se combinaron con talleres de escritura, sesiones de poesía slam, lecturas públicas, encuentros informales y largos paseos por la isla. Cada nueva conversación modificaba el curso de la creación y daba lugar a nuevas preguntas.

En lugar de aplicar una metodología rígida, el proceso se fue adaptando a las personas, los lugares y las circunstancias que iban surgiendo. La actuación se fue construyendo poco a poco, alimentada por las voces de la comunidad, los recuerdos compartidos y los paisajes humanos y sonoros de Madeira.

Esta residencia me ha reafirmado en una convicción que impregna toda mi obra: crear es escuchar.

Este proceso ha dado lugar a relaciones, textos, sonidos, recuerdos y una nueva forma de habitar el territorio. El trabajo realizado en Madeira también se ha inscrito en la línea de la investigación artística iniciada en *¿Qué sonido? ¿Qué música? ¡Simplemente el mundo!*, profundizando en la relación entre la escucha, la comunidad y la creación contemporánea.